¡Qué cosa!

Quino

¡Qué cosa! Esas personas que hacen una hermosa fotografía de una señora de pollera y compran postalitas de la Bolivia andina profunda, de nuestras chipayas p’aspas con sus trencitas, como souvenir para sus amiguitos gringos, para que vean lo exótico.

¡Qué cosa! Los mismos que se enfadan cuando nuestros trajes indígenas aparecen en las celebraciones de otros pueblos y se quejan del “robo de nuestra identidad”, de la “falta de respeto” de ver a un tinku bailando una especie de reguetón, de una afrenta contra nuestra hermosa Bolivia y sus expresiones culturales.

¡Qué cosa! Los mismos que esperan con ansias la entrada de la saya en las fiestas de carnaval o en algunos rituales que de pachamamísticos han pasado a pachamamones nomás, pero qué linda, mirá esa negrita… qué suerte tiene de moverse así, mirá su cabello, ¿se podrá tocar?

¡Qué cosa! Los mismos que piden llajwa a la hora de comer –y se jactan de aguantar su poder picoroso frente a hermanos de otros países–, que se zampan su jidius uchu, que amanecen de ch’aki o se quejan de la makhurka, que gritan ¡Viva Cochabamba, Mayllapipis! o se enjugan las lágrimas cantando Munasquechay, en el cuadragésimo concierto de despedida de los Kjarkas, lo mejor que ha tenido esta tierra y cómo ha dejado en alto el nombre de nuestro país… Esos, esos mismos…

¡Qué cosa! qué cosa horrible que sean los mismos que andan gritando “indio de mierda”, como si ser indio fuera insulto… que la chipayita p’aspa sea no más para postal pero no te acerques mucho hijito, que nuestros trajes magníficos sean no más de carnaval porque qué desubicado tener un aguayo en tu casa, que qué van a decir, que te sacuden un poquito tu árbol genealógico y se te caen las cholitas…

Los mismos, los “rayitos de sol” que después de cantar siguen invisibilizando o ridiculizando al pueblo afroboliviano, o preguntándote si es que ese morocho con el que sales es morenito no más o, dios los libre, será un negro de ancestro y no de bronceado, será hijo de algún mulato…

Los mismitos k’ochalos que salen a gritar Viva Cochabamba bate en mano o que eligen al alcalde de sus sueños por haber sido el primero en la línea de “defensa spalding” de la cochabambinidad –o sea, la de la cochabambinidad “bien”, cuidado se confunda–

El mismo, ese que usa tanta palabra en quechua sin pronunciar las explosivas o las aspiradas pero se ríe de los carteles del jidius uchu y, además, pisotea a su propia lengua madre al decir cuareinta y noveinta, pero pobre del que se le ría. El mismo, el que se quejó cuando la currícula escolar incluyó el idioma originario y dijo que cómo pues el quechua va a ser un idioma, que si acaso llegaba a dialecto…

El mismo, los mismos, los más racistas, los más clasistas, los más fachos… ¡Qué cosa!, ¿no?

Quino

3 Respuestas para “¡Qué cosa!

  • Me encantó Lil, no te pongo un me gusta, pero te comento como prueba de haberte leído. Y puff! de esa gente de meg hay yendo y viniendo mientras una se queda renegando para adentro o se te sale y lo dices ¡Qué cosa!

    • ¡Gracias por animarte a charlar! Y sí, a una no le queda más que acumular los ¡qué cosa! hasta que se le salen unos cuantos párrafos. ¡Bienvenida siempre que quieras Jhade!

  • La discriminación es una condición de poder de una clase social sobre otra. Y el originario, campesino, obrero, generalmente representan a estas clases sociales explotadas. Sobre este hecho objetivo social adquirimos como parte de nuestra cultura estos rasgos diferenciadores despectivos hacia nuestras raíces ancestrales.

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