Destemplada

Publicado el 21 de junio en facebook, en el 11avo aniversario de muerte de Inés Meléndez Avilés, la amada.
 
No es el invierno el que me triza los huesos,
sino el saberte gélida entre la espesura de la tierra,
en la imposibilidad del encuentro
y el terror del futuro sin memoria.
No hay cábala para desandar el abismo del desasosiego
y no importaría su eficacia, si la hubiese,
pues también me han negado el misterioso don de la fe.
He nacido entre escépticos
y en el centro de la incredulidad
se me ha concedido una única certeza:
la de tu muerte.
No hay forma de recuperar el solsticio,
ni rehusar a esta herencia al destierro.
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Disculpa madre por estos versos improvisados que no son oda sino desconsuelo, pero al menos pude escribirte.

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