Inconstitucional es desconocer los derechos humanos de las mujeres

Foto tomada de Cosas que interesan

En las últimas semanas se ha abierto un pequeño espacio de discusión sobre la despenalización del aborto en Bolivia, con algunxs ministrxs que han expresado su posición a favor. El tema no ha sido, hasta ahora, tratado en profundidad por ninguno de los sectores, salvo algunas instituciones y colectivos que son los únicos que han tomado la responsabilidad de informar y agitar un poco, de despertar ideas y generar conciencia.

Se trata de una discusión que por diferentes razones no pudo llevarse adelante en la Asamblea Constituyente, un lugar oportuno para ella. Allí funcionaron algunas alianzas religiosas transversales a las bancadas (por ejemplo entre evangélicos) que frenaron cualquier avance en las leyes sobre derechos de la mujer y salud reproductiva. El hecho de que ahora cuatro ministros y ministras hayan tomado posición en pro de la legalización, más allá de un acto de valentía personal, muestra que se ha abierto un espacio para el intercambio de opiniones. Espacio que hay que batallar para que siga abierto (Pablo Stefanoni en Página Siete 23/07/2013).

Clic para ir a la noticia
Realmente no sé qué es lo que se tiene que debatir, no sé porqué hemos dejado que nuestros cuerpos y las decisiones sobre ellos sean objeto de debate. Me repugna ver que la despenalización del aborto sea un tema de discusión de bancada, de análisis de cantidad de votos que puede sumar o restar… ¡Carajo! no estamos discutiendo una campaña de marketing político, estamos hablando de la vida de las mujeres y niñas, del acceso en condiciones higiénicas al aborto (que se practicará igual, penalizado o no, pero al que no se accederá de misma manera), por la calidad de vida de esxs niñxs y las familias donde nacerían, de la pobreza y la planificación familiar informada, de las violaciones y los embarazos que son producto de esa violencia sexual, de la autodeterminación de querer o no querer. Hablamos de nosotras que queremos decidir sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, y ese no es un  tema político ni religioso, ese es un derecho humano.
Y es que no entiendo cuál es el temor… algunas declaraciones dicen que es una falta de respeto a un país con 70% de católicos... ¿la despenalización del aborto es obligar a las católicas a abortar? ¿no abortan acaso? ¿no las violan? Se nota que estas personas desconocen que en ese 70% de católicos del que hablan en nombre tan alegremente existen grupos, instituciones y redes como Católicas por el derecho a decidir que demuestran que el tema del aborto no es un tema religioso. No abortar porque es pecado, si peco no disfrutaré de la otra vida… y, ¿qué pasa con esta vida en la que estoy?
Por otro lado, están quienes piensan que despenalizar el aborto hará que el ejercicio de la sexualidad sea “irresponsable” (irresponsable es que siga siendo tabú) y el aborto sea como apretar ctrl+z. ¡No señores y señoras! las y los protagonistas de embarazos no deseados se embarazan (incluyo a los chicos porque un embarazo es de dos) por falta de información de sus familias, de sus instituciones educativas, del Estado y sus dependencias… se embarazan porque es un tabú, porque algunas ridículas y retrógradas convenciones sociales ejercen un poder y una presión tal que tenemos miedo a nuestro propio cuerpo. Las niñas, adolescentes y mujeres se embarazan también porque son violadas, porque son obligadas. El aborto despenalizado, gratuito, higiénico y acompañado hará que no se registren muertes ni secuelas en la salud de las mujeres, que no pasen historias como la historia de Flavia en Uruguay que murió por desinformación,  por el terror impuesto con los tabúes, por la falta de asistencia, por ser joven y ser pobre:

No tenía novio. Tenía un retraso menstrual. Tenía mucho miedo de estar nuevamente embarazada. Tenía una pastilla para matar “tucu-tucu”, la tenía desde hacia tiempo. […] Tenía 16 años, un bebé de 6 meses y mucho miedo. No tenía apoyo legal, ni social, ni económico, ni cultural, ni médico para afrontar con éxito la situación que le tocó vivir. El semanario local informó ese fin de semana, que según la autopsia Flavia murió por los efectos directos del veneno y reveló, además, que no estaba embarazada (Echagüe 18/06/2012).

Aquí también interesan las reflexiones de Rosario Echagüe, la doctora que atendió a Flavia, quien es la que da este testimonio:

La ley que no permite a ninguna mujer embarazada decidir sobre la pertinencia o no de traer un hijo al mundo, en realidad, no se lo permite sólo a las mujeres pobres, las otras –entre las que me incluyo- tenemos el privilegio gracias a nuestra posición socio-económica y cultura, de elegir. […] La ley vigente que penaliza el aborto es –a mi entender- inútil, injusta y discriminatoria. Inútil porque no evita que las mujeres que quedan embarazadas sin desearlo, aborten si así es su voluntad. El aborto existe –y aquellos que argumentan en contra de su despenalización siguen hablando del aborto como si no existiera, como si sólo fuera a existir a partir del momento en que una ley lo apruebe. El aborto existe desde tiempos inmemoriales, tanto donde es legal como donde está prohibido y va a seguir existiendo de todas maneras (Echagüe 18/06/2012).

Clic para ir a la noticia

Desde que se legalizó el aborto en Uruguay, no ha muerto ninguna otra mujer. Lástima que Flavia no vivió para este momento. La tasa de aborto de Uruguay es la más baja del mundo y el aborto es legal. Ahora, el tema en cuestión es que legalizar el aborto no servirá de nada como un papel aprobado, sino que el Estado, las familias, las escuelas, las instituciones, las personas tienen que tomar la responsabilidad de difundir, informar, comunicar, acompañar la información sobre planificación familiar, sobre vida sexual, sobre derechos sexuales y reproductivos.

Si el Estado no legaliza el aborto no sólo es por negligencia y por violación de los derechos humanos, no sólo se trata de un ejercicio de poder desmedido, también se debe a que despenalizarlo significa develar con datos sus omisiones y negligencias en el cuidado de la salud pública. Cuando se “debate” sobre la despenalización del aborto, los Estados, partidos y religiones están debatiendo todo menos los derechos de la mujer: están debatiendo si les da la gana o no responsabilizarse por ello, si van a dejar de ejercer esta forma de violencia y ejercicio de poder, si van a obtener más o menos votos… por eso es que me duele tanto y me da tanta vergüenza cómo es que los derechos tienen que ser un “debate” y, además, entre gobiernos, bancadas, jefaturas e iglesias que dan posiciones “oficiales” que no han escuchado el verdadero debate: el de las protagonistas de esta historia

Si las iglesias, los Estados y los machitos quieren “aborto cero”, que sepan que la respuesta no es la penalización sino que está en sus manos lograrlo: hacer que la información sobre planificación familiar llegue a todos y todas, que la salud pública se haga cargo de repartir información y anticonceptivos gratuitos, que las iglesias aterricen en el siglo en el que estamos, que se miren a sí mismas en un espejo y recapaciten, el tema no es una cuestión de faltar a dios (cualquiera que este sea) y no disfrutar de la “gloria eterna” sino que se trata de salud pública, de mortalidad infantil y materna,de pobreza y desigualdad, de control y presión de toda la sociedad hacia el cuerpo femenino; se trata de que los machitos aprendan a no violar, a no abusar, a hacerse cargo de una decisión conjunta, a responsabilizarse por usar un puto condón.

Están tan acostumbrados a pensar que una mujer les pertenece que toman de cualquier forma su cuerpo: a través del abuso, de la violencia, de las violaciones, de las decisiones cotidianas sobre él (cómo debe verse, cómo debe vestirse) y de las decisiones sobre “políticas” que tienen que ver con calidad de vida.  Y no es sólo su cuerpo, ponen en debate su identidad, sus decisiones, su “moralidad”, la apenan, la avergüenzan, la siguen metiendo en el hueco del silencio, de lo que se tiene que ocultar: como se ocultan las tetas para ir a misa, se quita del vocabulario la palabra vagina, se omite hablar/pensar/sentir la sexualidad, como se guarda entre los secretos más grandes las atrocidades más violentas que se infringen contra ella…

¿Charlamos?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *