De ese problema llamado esperar

Levantarse a pelear contra molinos de viento, tener la fuerza suficiente para haber aprendido la lección del Quijote: no son monstruos, sólo son molinos. Asistir al enojo de esas estructuras que se sienten descubiertas, a las que se les ha caído el rostro con el que podían ejercer poder.

Haber cedido durante tanto tiempo ha dejado una relación desigual: esperan que reconfigure lo que me hace inestable pero que esa transformación no cambie el sitio desde el que hablo, que siga siendo todo lo que los demás esperan de mí. Golpear la pared, tirar una puerta… ya no tengo miedo, me tengo a mí… Ya no espero a nadie más que a mi:

“Para recibir el canto de los pájaros
escalar el viento, navegar la luz.
Iniciar el viaje del encuentro,
última tarde de sombras y de invierno,
canto, canto, canto.

Para recibir el canto de los pájaros
Ser rostro radiante de una estrella azul
raíz infinita de la niebla
sangre del sol que arde noches al olvido
canto, canto, canto” (Emma Junaro, Cergio Prudencio, Jorge Sanjinés y la re/construcción colectiva de muchxs/una/o mismx)

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