Propio para el primer día de clases

Ayer, como muchos de los días, caminé por una calle en la que se encuentra un centro de postgrado (e imagino que también pregrado) que se caracteriza por inculcar “autoestima” a sus estudiantes. Cada vez que paso por ahí tengo la misma reacción instantánea: pienso que alguna marcha se avecina y que los petardos no tardarán en destemplar mi tímpano. Los gritos de los jóvenes más parecen aguerridas consignas que frases de aceptación. Ayer, volví a mirar hacia la plaza en busca del desorden, volví a darme cuenta que era ese centro de estudios, me pregunté, otra vez, porqué tenían que gritar de esa forma y mi cabeza respondió al instante: Si esta escuela toma en cuenta la demanda de la población, quizás se trate de un Máster en gestión de marchas.

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